Historia

Breve historia de la Trinitaria Hermandad de la Humildad y Paciencia de Jerez.

 

              Ya en el siglo XVIII, se tiene constancia de la Cofradía de Nazarenos que tenía como titulares al Señor de la Humildad y Paciencia, Nuestra Señora de la Amargura, San  Juan Evangelista y San Antonio Abad, que hacía su estación de penitencia el Jueves Santo de nuestra Semana Santa.  Esta hermandad, que gozó siempre de una gran devoción entre los jerezanos, decayó como casi todas las antiguas cofradías jerezanas a principios del siglo XIX, decadencia que fue agravada con la famosa desamortización de Mendizábal y la expulsión de los trinitarios calzados del convento de Jerez,  que supuso para  la hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia, un lento e imparable declive hasta su total desaparición y olvido.

                  A finales del siglo XIX llegan a Jerez las monjas de la recién creada  Orden de la Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, dedicadas a la adoración al Santísimo Sacramento y a la educación de niñas, que tras varias sedes provisionales se hacen cargo, con el permiso del Arzobispado de Sevilla, del Monasterio de la Santísima Trinidad de Jerez.

               Una vez instaladas en el antiguo convento de los trinitarios, las monjas adaptan las dependencias del monasterio a sus necesidades de enseñanza y modelan también toda la iglesia de la Trinidad que sufre su primera transformación de fondo. En esta primera remodelación y sin saberse muy bien las razones, las imágenes de la Virgen de la Amargura y San Juan Evangelista pasan a la Iglesia de San Juan de los Caballeros, en ese momento una de las parroquias jerezanas, permaneciendo en esa Iglesia la imagen de la  Virgen de la Amargura hasta los años veinte, cuando es cedida por el Arzobispado de Sevilla a la recién creada hermandad de la Sagrada Flagelación como  titular y permaneciendo allí la imagen de  San Juan Evangelista hasta finales de los años cuarenta cuando es cedido a la hermandad del Cristo de Amor y Nuestra Señora de los Remedios.

                Tan solo el Señor de la Humildad y Paciencia permanece en la Iglesia de la Santísima Trinidad, aunque no al culto sino en la Clausura de la Comunidad. A finales de los años sesenta, una nueva remodelación de la Iglesia por parte de la monjas, que le da el actual aspecto, así como una remodelación  de las dependencias del convento,  hacen que el Señor de la Humildad y Paciencia vuelva a ser puesto de nuevo a la veneración de los fieles en la Iglesia de la Trinidad donde pronto vuelve a recuperar la devoción que tuvo en épocas pasadas.

                Es en ese contexto de devoción al Señor de la Humildad y Paciencia donde se enmarca el punto de arranque de la actual cofradía del Señor de la Humildad de Jerez, ya que un grupo de devotos, a mediados de la década de mil novecientos setenta, deciden dar los primeros pasos para intentar crear una cofradía, siempre en el recuerdo de aquella antigua cofradía trinitaria de San Antón.

                Desde un principio se encontraron con una enorme cantidad de obstáculos y reticencias tanto por parte de  la comunidad de monjas, que no veían claro el hecho de tener una cofradía en la Iglesia de la Trinidad, como por parte del recién creado obispado de Jerez, que en ese momento no creía oportuno crear ninguna cofradía. No obstante todas las reticencias y obstáculos,  el entusiasmo de los hermanos consigue que, por fin,  el obispado apruebe una Comisión Gestora para la creación de la hermandad, Comisión que desgraciadamente tiene como principal objetivo  buscar una nueva sede  para la futura hermandad ya que la comunidad de monjas se niega a que tenga su sede canónica en el antiguo templo trinitario. No obstante ceden a la Comisión Gestora la imagen del Señor, una vez que ésta consigue ser aceptada en la parroquia del Corpus Cristi, ubicada en la popular barriada jerezana de Picadueñas, donde la cofradía no termina de cuajar ni de adaptarse, disolviéndose esta primera Comisión Gestora y volviendo de nuevo la imagen del Señor a la Iglesia de la Trinidad. 

                La devoción al Señor persiste y la idea de refundar la antigua cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia sigue adelante y se consigue que por parte del obispado vuelva a crearse una nueva Comisión Gestora que esta vez, con el visto bueno de la comunidad de Esclavas del Sagrado Corazón, se constituya en el año 1994 en una Asociación Parroquial para dar culto al Señor de la Humildad y Paciencia en la Iglesia de la Trinidad, permaneciendo en esa situación durante más de una década hasta que, por fin, en el año dos mil,  ve cumplido el objetivo de ser elevada al rango de  Hermandad pero teniendo prohibida su salida penitencial.

                Esta situación anómala se mantendrá durante varios años hasta que en el año dos mil ocho Don Juan del Río Martín, segundo obispo de Jerez, aprueba la reforma de sus Estatutos y da el ansiado permiso para hacer estación de penitencia,  más de treinta años después de los primeros pasos para crear la cofradía,  pudiendo hacerlo en ese año dos mil ocho el Sábado de Pasión, víspera del Domingo de Ramos.

                 Pero si se tenía permiso para hacer estación de penitencia por parte del obispado de Jerez,  no se tenía el permiso de la comunidad de las monjas Esclavas del Sagrado Corazón para salir de la Iglesia de la Trinidad, por lo que para las primeras salidas penitenciales la hermandad  hubo de buscar una serie de  templos distintos, siendo la Parroquia de San Juan Bautista de los Descalzos la primera  iglesia de la que sale. Curiosamente en esta primera estación de penitencia el Señor de la Humildad y Paciencia sale en el antiguo paso de misterio del Cristo de la Vera Cruz de Cádiz, cuya hermandad presta expresamente.

                 Las dificultades encontradas en la Parroquia de los Descalzos obligan a la hermandad a buscar un nuevo templo para hacer estación de penitencia, saliendo en el año dos mil nueve desde la Catedral de Jerez  y durante los años siguientes del templo de San Dionisio, considerando en esos momentos  la hermandad, debido a las dificultades con las que se encontraba para salir de la iglesia de la Trinidad, la posibilidad de  buscar una nueva sede desde donde pudiera hacer su estación de penitencia, barajándose para ello la misma iglesia de San Dionisio, desde donde salía, o bien la cercana capilla de los Remedios. Pero no hizo falta solicitar nueva sede ya que, por fin,  las monjas dan el visto bueno para que la cofradía haga estación de penitencia desde la iglesia de la Trinidad y en dos mil doce los cofrades del Señor de la Humildad y Paciencia tienen la alegría de salir por fin de su sede canónica de la Trinidad, en una estación de penitencia emocionante e inolvidable.

                Ya con los principales obstáculos vencidos, la hermandad avanza segura en su andadura y en el año dos mil trece el obispado de Jerez permite que la hermandad de la Humildad y Paciencia se incorpore como una cofradía más en la carrera oficial  para el martes santo de la Semana  Santa de dos mil catorce, año  que verá coronar un proceso sembrado de dificultades desde el primer momento pero que la devoción al Señor de la Humildad y la constancia de muchos ha conseguido sacar adelante.

                Durante todos estos años la hermandad no solamente ha luchado por hacer estación de penitencia, sino que se ha sentido comprometida con la Iglesia y con sus necesidades desde el principio, realizando una serie ininterrumpida de actividades e  integrándose, por ejemplo, en Caritas  Parroquial a través de su Bolsa de Caridad “San Antonio Abad” o participando del culto al Santísimo con la comunidad de Esclavas del Sagrado Corazón. Asimismo considerándose  sucesora de la antigua hermandad de San Antón no olvida esas raíces trinitarias manteniendo desde su constitución como hermandad  contactos con la Orden de la Santísima Trinidad, siendo una de la hermandades fundadoras de la Confraternidad de Hermandades Trinitarias y teniendo el orgullo de ser admitida como parte de la familia trinitaria, mediante carta otorgada por su Ministro General en Roma, el 19 de Junio del año dos mil dos. 

José Toledo Nieto.