Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia

En cuanto a la autoría del Señor de la Humildad y Paciencia de la Trinidad, la imagen estaba catalogada como del siglo XVII (ya se tenía constancia de su presencia en la iglesia de la Trinidad en 1652), advirtiéndose sus semejanzas con otra de la misma advocación que se venera en la iglesia de la Merced de Vejer de la Frontera y que está atribuida a Francisco de Villegas por Enrique Hormigo en su libro sobre este escultor.

En un trabajo anterior advertimos de la semejanza de estas dos tallas de la Humildad con el Cristo Yacente de la iglesia de San Jorge de Alcalá de los Gazules, imagen que atribuimos a este escultor y que se podría datar en torno a 1615-1620. Francisco de Villegas es un escultor nacido en Granada (o en su provincia, se sospecha de su nacimiento en Alcalá la Real) en 1585. Casó con Mayor de Raxis, sobrina del escultor Pablo de Rojas con quien probablemente aprendió. Está emparentado por tanto con la saga de pintores de los Raxis. De Granada pasa a Sevilla a principios del siglo XVII, allí se nos muestra como heredero del arte de Martínez Montañés (quien a su vez había aprendido también con Pablo de Rojas) con el cual trabaja como oficial entre 1614-18. Aunque sin la calidad y recursos del “dios de la madera”, Villegas es autor de distintas obras que se conservan en buena parte de la provincia de Cádiz. Su producción debió ser dilatada ya que falleció al menos en 1660 año en que se le pierde el rastro.

Entre sus trabajos destacan, además de los arriba comentados, el Cristo Yacente de la cofradía del Santo Entierro gaditana (aunque la cabeza se supone de una restauración genovesa del siglo XVIII), la imagen de Jesús atado a la Columna que está en la iglesia de San Juan de Dios de Cádiz o los Nazarenos de Medina Sidonia y Conil de la Frontera.

En Jerez estuvo unos años trabajando aunque parece que se han perdido la mayoría de sus trabajos (caso de una imagen de Nuestra Señora para la cofradía de San Juan Bautista de la iglesia de San Salvador datada en 1625 o de una Santa Teresa para el convento del Carmen de 1626), hasta el momento sólo se le había identificado la imagen de Santa Catalina que se conserva en el retablo del Santo Cristo de la iglesia de Santo Domingo y realizada durante su estancia en Jerez en 1650. Recientemente hemos encontrado un documento que nos aclara la autoría de la imagen jerezana del Señor de la Humildad. Se trata del testamento del mercader Juan

García Julián (Archivo Histórico Provincial de Cádiz, legajo CA5049, 29 de enero de 1638, folios 76-81). Este personaje era a la sazón el mayordomo de la cofradía de Humildad y Paciencia de Cádiz y deja diversas cláusulas de excepcional interés para conocer mejor los orígenes de la cofradía gaditana, ya que en el citado documento se referencia la hechura de la imagen titular gaditana y distintos pagos al escultor que la

estaba haciendo, Jacinto Pimentel; o se habla de los pasos de plata estrenados en 1634 por la cofradía y presumiblemente obra del afamado platero portugués Antonio Suárez, autor de la custodia procesional gaditana; y así un buen número de detalles relativos a la cofradía y sus primeros bienhechores.

La imagen del Señor de la Humildad y Paciencia realizada por Jacinto Pimentel en 1638 sustituía a otra anterior realizada por Francisco de Villegas. Este dato se conocía a través de una obligación, fechada en febrero de 1622, entre el maestro pintor Juan Rodríguez y la cofradía gaditana, por medio de la cual el primero se obligaba a pintar y encarnar la imagen del santo Cristo de la Humildad y Paciencia que había realizado para dicha cofradía el escultor Francisco de Villegas.

Pero, para el caso que nos interesa, el dato más importante de este testamento aparece casi al final del mismo donde textualmente dice:

“Yten declaro que abra dos años poco mas o menos que por mano del capitan miguel de arostigui difunto se remitio a la ciudad de xeres de la fronta. al convto de la santissima trinidad otra hechura del smo xpto de la umildad y pasiensia que se avia mandado haser en cadiz y por siertas causas no se pudo conseguir de quedarse con ella La dha cofradía desta ciudad = y se quedo con el dho convto, y prometio de pagar a la

Cofradía  en misas el balor de la dha hechura y dio facultd. el dho convto, de que aca se cobrasse la limosna dellas y se le avisasse para dessirlas y se a ydo haciendo assi...”.

Tal y como hemos dicho antes, la cofradía gaditana tuvo una anterior imagen del Señor de la Humildad obra del escultor granadino Francisco de Villegas, imagen tallada en 1621-22. Y es por tanto esta imagen de Villegas (con policromía original del pintor Juan Rodríguez) la que fue a parar en 1635-36 al convento de la Santísima Trinidad de Jerez de la Frontera y la que se conserva en la actualidad en dicha iglesia jerezana como Titular de su homónima hermandad.

 

Pasaje del Varon de Dolores Is 53,3 - 53,12

Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados. Todos andábamos como ovejas errantes, cada cual seguía su propio camino, y Yavé descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Fue maltratado y él se humilló y no dijo nada, fue llevado cual cordero al matadero, como una oveja que permanece muda cuando la esquilan. Fue detenido, enjuiciado y eliminado ¿y quién ha pensado en su suerte? Pues ha sido arrancado del mundo de los vivos y herido de muerte por los crímenes de su pueblo. Fue sepultado junto a los malhechores y su tumba quedó junto a los ricos, a pesar de que nunca cometió una violencia ni nunca salió una mentira de su boca. Quiso Yavé destrozarlo con padecimientos, y él ofreció su vida como sacrificio por el pecado. Por esto verá a sus descendientes y tendrá larga vida, y el proyecto de Dios prosperará en sus manos. Después de las amarguras que haya padecido su alma, gozará del pleno conocimiento. El Justo, mi servidor, hará una multitud de justos, después de cargar con sus deudas. Por eso, le daré en herencia muchedumbres y lo contaré entre los grandes, porque se ha negado a sí mismo hasta la muerte y ha sido contado entre los pecadores, cuando llevaba sobre sí los pecados de muchos e intercedía por los pecadores.